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<title>MI DÍA EN POSTALES DE PALABRAS. </title>
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<pubDate>Sun, 05 Jul 2009 19:43:52 +0100</pubDate>
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<title>MI DÍA EN POSTALES DE PALABRAS. </title>
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	<title>PODER ELEGIR HACE FELIZ</title>
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		<description><![CDATA[<p>NUESTRA INFELICIDAD*</p>
<p>    Nuestra felicidad no nos pertenece. La creamos no con las herramientas<br />
que nos son propias, sino con las que nos prestan. Y no depende como el<br />
siglo quiere hacernos creer de lo que poseemos, sino de lo que damos.<br />
    Puede ser una ingenuidad, pero ciertos antiguos saberes son tan ingenuos<br />
como el que un abrazo es más necesario que el pan, y que la sonrisa del<br />
amado calienta el alma en el invierno.<br />
    La felicidad no es una carcajada necesariamente. Sucede en una capa más<br />
profunda y es capaz de serenar los océanos del infortunio.<br />
    Para ser feliz es necesario ser generoso. Saber dar y saber recibir.<br />
    Una mujer que cocina para su hombre, el padre cansado que se fuerza a<br />
estar un ratito más a pesar del dolor de cintura, el muchacho que resigna<br />
unas tardes a acompañar la tragedia de su amigo. Hallan todos ellos una<br />
felicidad de melodía a media voz, la tranquilidad de estar donde hacen<br />
falta.<br />
    Pero necesitan, para poder ejercer su cometido de acompañantes, la<br />
retribución del reconocimiento.<br />
    Trabajar por la felicidad de alguien que nos ignora es un sendero que<br />
desemboca en la angustia. Y aquí acostumbramos considerar tonto a quien no<br />
requiere alguna clase de paga, y acostumbramos denigrar los trabajos<br />
desinteresados. Si no se pide nada a cambio, pensamos que debe de ser algo<br />
que no tiene valor.<br />
    Es cierto, no tiene precio. Es inapreciable lo que unos hacen por otros<br />
cuando se atreven a dar desde las entrañas, cosa nada fácil.<br />
    Una mujer que acaricia a su hombre dormido es feliz. Una señora que pone<br />
la mesa con las mejores tazas para recibir a sus amigas. Un hombre que<br />
enseña a su vecino cómo cambiarle el líquido de freno al automóvil es feliz.<br />
    La felicidad florece bajo los techos de chapa, estalla en el patio de<br />
una escuela, se enciende en una oficina. No tiene edad ni condición social.<br />
La llevan los privilegiados que son capaces de convidar con lo que tienen.<br />
    Quien es feliz porque lo envidian, retrasa unos momentos el salto hacia<br />
el abismo. Quien se alegra por el llanto de alguien, detiene un minuto<br />
solamente el roer de las orugas. Mentirá ser feliz el malvado, se mentirá a<br />
si mismo, hará la pantomima, montará su obra teatral. No hemos de darle fe.<br />
No le creeremos.<br />
    Pero mientras tanto todo nos lleva a la desdicha. La veneración del<br />
cinismo, la confusión de maldad con inteligencia, el mandato de arrebatar lo<br />
que no está fijado al suelo. Todo nos lleva al blindaje y la desconfianza. O<br />
somos ladrones, o tememos ser despojados.<br />
    Creemos que poseemos lo que guardamos, y somos esclavos de lo que nos<br />
negamos a dar.<br />
    La mujer no quiere ser usada, y se niega el privilegio de atender a su<br />
hombre. El hombre no quiere que la mujer lo domine, y se niega el privilegio<br />
de atenderla. Aferrados a nuestras mezquinas posiciones, amurallados todos,<br />
profunda, dolorosamente infelices. Pero eso si, indiscutiblemente dueños,<br />
patrones y propietarios de nuestra infelicidad.</p>
<p>*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com</p>
<p>Poder elegir hace feliz...</p>
<p>El cielo entre durmientes*</p>
<p>*Humberto Costantini</p>
<p>Ni un alma por la calle. Como si el sol de la siesta cayendo a pique y<br />
después derramándose por todos lados, hubiera empujado a bichos y gente a<br />
quién sabe qué escondidos refugios, adonde el sol no puede penetrar, pero<br />
ante los cuales se queda montando guardia, rabioso y vigilante como un perro<br />
en acecho.<br />
Por la calle vamos Ernesto y yo. Hace cinco minutos, un silbido me arrancó<br />
de la sombra de la glicina y me mostró entre dos pilares de la balaustrada<br />
un rostro enrojecido y contento. No hubiera sido necesario que me dijera<br />
"¿salís?" con un grito breve y exacto como un pelotazo. Yo lo estaba<br />
esperando, o mejor dicho yo estaba esperando un pretexto cualquiera para<br />
dejar aquella modorra del patio adonde me llegaban ruidos lejanos e<br />
incitantes entreverados con el aleteo de algún mangangá.<br />
Por eso no le contesté nada y en seguida estuve con él en la puerta. Se sabe<br />
que saldríamos a caminar. Ernesto es así y nuestros doce años no soportan<br />
otras tratativas que ese "¿salís?" liso y directo viniendo de un mechón<br />
caído sobre los ojos, de una transpirada camiseta amarilla y de unas ganas<br />
de hacer muchas cosas que le brillan en la mirada.<br />
Un saludo "¿qué hacés?" y caminamos. El agua de la zanja, un agua barrosa,<br />
oscura, caliente, cubierta de protuberancias verdes como el lomo de un sapo,<br />
se agita por momentos a impulso de invisibles zambullidas o respira a través<br />
de unos globos lentos, pesados, que levantan nuevas ampollas en su pellejo y<br />
hacen un extraño ruido de glogloteo como si ya estuviera por soltar el<br />
hervor.<br />
Caminamos. La tierra quema en los pies y es lindo sentir ese mordisco<br />
cariñoso, de cachorro, con que la tierra nos juguetea por las pantorrillas.<br />
Pero más lindo es no sentir nada de eso, sino esas ganas locas de meterse en<br />
la tarde como en una selva. ¿No es cierto, Ernesto?<br />
Caminamos. Un aguacil grande y rojo viene a despedirnos, pasa zumbando a<br />
nuestro lado y siguiendo la línea de yuyos que bordea la zanja llega hasta<br />
el puente de la esquina y vuelve volando a toda máquina amagando un<br />
encontrón. -¡A que no lo agarrás!<br />
Caminamos. Las cuadras del barrio quedan atrás. Los paraísos se cambian en<br />
plátanos y después otra vez en paraísos. Flechillas, lenguas de vaca,<br />
huevitos de gallo. Esta es otra zanja, no la nuestra. ¿Habrá ranones por<br />
aquí?<br />
Caminamos. ¡Aquella montaña! ¡A saltarla! La sangre nos golpea en el pecho y<br />
en el rostro. La vida es una alegría retenida en los músculos y es ese olor<br />
a sol, a sudor y a piel caliente que viene de la ropa de Ernesto.<br />
Caminamos. Ernesto sabe de muchas cosas. De trabajos, de aventuras, de casas<br />
abandonadas y de extraños nombres de calles. Mientras caminamos me habla. Me<br />
cuenta un disparate y yo me río. Me río como un loco. Me río tanto que<br />
Ernesto se contagia de mi propia risa y empieza a reírse él también. Le<br />
salen lágrimas de los ojos, se aprieta el costado, no puede parar. Yo lo<br />
miro y me da más risa todavía verlo reír. Caminamos tambaleantes,<br />
empujándonos, atorándonos de risa. La risa se nos atropella en la boca, nos<br />
crece incontenible por todos lados, nos acompaña por cuadras y cuadras esa<br />
risa sin por qué, como si una bandada de gorriones enloquecidos nos<br />
estuviera siguiendo.<br />
La esquina. Otra cuadra. La risa. Ladridos detrás de un alambre. Otra<br />
cuadra. Magnolias, jardines, postes del teléfono. Otra cuadra. Las<br />
alpargatas de Ernesto levantando el polvo en las veredas. Otra cuadra. El<br />
cielo, la soledad de la siesta, el silbido de una urraca. Otra cuadra, otra<br />
cuadra...<br />
Apoyo de pronto mi mano en el hombro de Ernesto y señalo el terraplén del<br />
ferrocarril. -¡A ver quién llega primero!<br />
Salimos como balas. Una ametralladora de pasos y el crujido de los terrones<br />
resecos. Oigo el jadeo de Ernesto y apenas veo su camiseta amarilla pegada a<br />
mi costado. Me pongo enormemente contento cuando dejo de verla y cuando<br />
siento que el jadeo va quedando atrás. Apenas por un par de metros, pero<br />
llego primero arriba. Y desde arriba lo miro triunfante.<br />
Ernesto tiene la cara negra de tierra y un sudor barroso le forma ríos en la<br />
nuca y la espalda. Yo debo estar igual porque en la manga que me pasé por la<br />
frente queda una gran mancha negra y húmeda.<br />
A Ernesto se le ocurre caminar por la vía y vamos pisando los durmientes o<br />
haciendo equilibrio sobre los rieles. Lo más lindo son los puentes. Cuando<br />
allá abajo vemos la calle entre los durmientes deslizándose como un río.<br />
Algunos son muy altos y hay que pisar bien para no caerse. Yo camino<br />
despacio, aparentando indiferencia, pero sintiendo en todo momento un ligero<br />
vértigo que me obliga a clavar la vista en mis pies, a calcular cada pisada,<br />
hipnotizado por ese lomo de tierra que se mueve sin cesar debajo mío.<br />
Ernesto, en cambio, se mueve con maravillosa soltura. Me habla, grita, se da<br />
vuelta, corre... Es imposible seguirlo. Anda por ese andamiaje de hierro,<br />
madera, viento y cielo como por el patio de su casa. No digo nada, pero<br />
pienso que estamos a mano con lo de la carrera.<br />
Llegamos a un puente de poca altura y como viene un tren decidimos verlo<br />
pasar desde abajo. Descendemos la pequeña cuesta y nos ubicamos a un costado<br />
del puente. Oímos el bramido del tren que se acerca y luego un ruido<br />
infernal que hace trepidar toda la tablazón. Las vías parecen curvarse bajo<br />
las ruedas. Un pandemonio de vapor, chispas, truenos y aullidos que nos<br />
sacude hasta las entrañas. La verdad, sentimos un poco de miedo y deseamos<br />
que venga otro tren para reivindicarnos.<br />
Las vías pasan a menos de tres metros sobre la calle. Con un buen salto es<br />
posible alcanzar los durmientes y colgarse de allí como de un pasamanos. La<br />
idea surge como una pedrada y casi de los dos a un tiempo. Quedarnos<br />
colgados cuando pase el tren.<br />
La tarde es un desierto de sol y tierra enardecida.<br />
El cascabeleo de algún lejano carro de lechero y el canto metálico de la<br />
cigarra no cortan el silencio, sino que lo hacen más denso aún, más<br />
expectante.<br />
Esperamos el rumor que nos anuncie la llegada de un tren. Los minutos<br />
transcurren lentos en el calor sofocante del reparo que forman las paredes<br />
del puente. Se mastica un yuyo o se sube de vez en cuando a mirar el<br />
reverbero distante de las vías.<br />
-A no soltarse, ¿eh?<br />
-No, a no soltarse.<br />
De pronto llega. Es apenas un murmullo perdido entre cien murmullos iguales,<br />
pero para nosotros imposible de confundir.<br />
Con cierta parsimonia nos preparamos. Frotamos las manos en la tierra,<br />
ensayamos un salto, otro salto. Subimos a verlo, ya está cerca.<br />
Tomamos posiciones.<br />
-¡Cuando yo diga saltamos!<br />
El silencio, avasallado ahora por aquel torrente que se agranda y se<br />
agranda. Nos miramos y miramos los durmientes allá arriba.<br />
-A no solt...<br />
-¡Ahora!<br />
Me falla un salto. Al segundo estoy arriba balanceándome todavía por el<br />
impulso. Ernesto ya está allí, firmemente prendido. Me guiña el ojo. Quiere<br />
decir algo, pero no lo escucho porque un ruido ensordecedor me oculta sus<br />
palabras. -¿No quemará la locomotora?-. Ya viene. Allí está. Hierros, fuego<br />
, vapor y un ruido de pesadilla.<br />
No sabemos cómo fue. Cuando queremos acordarnos los dos estamos a diez<br />
metros del puente, mirando cómo los últimos vagones se deslizan haciendo<br />
oscilar las vías.<br />
La tarde se nos acuesta entera encima de los hombros. Nos acercamos al<br />
puente, cabizbajos, avergonzados.<br />
-¡Vos te soltaste primero!<br />
-¡Tenías una cara de miedo vos!<br />
Otra vez el silencio. La sierra sinfín de la cigarra nos chista y se ríe de<br />
nosotros. Estamos agitados, desfigurados por el calor y la excitación<br />
pasada.<br />
-Si vos te quedabas, yo me quedaba...<br />
-Yo también, si vos te quedabas, yo me quedaba.<br />
Nos tiramos al suelo para esperar otro tren. La tierra pegándose a la piel<br />
mojada. El reverbero de la calle o quizás las gruesas gotas de sudor que me<br />
empañan la vista. Ernesto hace garabatos con una ramita.<br />
Y el tiempo que se desliza silencioso sobre las vías como un tren infinito<br />
formado por el latido de nuestros corazones.<br />
La cigarra. Un gorrión con el pico entreabierto y las alas separadas. Los<br />
ladrillos del puente y allá a lo lejos una pared blanca que nos saluda como<br />
un pañuelo.<br />
-Un, dos, tres... (antes de que cuente veinte aparece), cuatro, cinco...<br />
Silencio. Las voces de la siesta.<br />
Ahora sí. Es un tren este. El rumor lejano pero inconfundible. Nos ponemos<br />
de pie. Ninguno dice una palabra. El temor de soltarse y la decisión de<br />
permanecer hasta el fin. El contacto de la tierra caliente en las palmas de<br />
las manos.<br />
-¡Cuando yo diga!<br />
El ruido que crece segundo a segundo. Ernesto se agazapa para<br />
saltar. -¡Ahora!, digo, y salto con todas mis fuerzas.<br />
El ennegrecido durmiente queda aprisionado entre mis manos. A un metro de<br />
mí, Ernesto se columpia en el suyo.<br />
El ruido ensordecedor. La cara roja de Ernesto entre sus dos brazos en alto.<br />
Su camiseta amarilla y su pelo caído sobre la frente.<br />
Terremoto de hierro, vapor y chispas. El ruido infernal. El puente que se<br />
hunde con el peso del tren. Un miedo espantoso. Pero estamos colgados<br />
todavía.<br />
Me doy cuenta de que estoy gritando a todo lo que doy. Ernesto también grita<br />
y patalea y me mira gritando y pataleando como un loco.<br />
El tren no termina nunca de pasar. Las ruedas a medio metro de las manos.<br />
Una montaña encima de mi cabeza. El calor, el ruido, Todavía no sé si voy a<br />
quedarme hasta que pase todo. Y grito para darme coraje y también porque es<br />
necesario gritar. Lo veo a Ernesto congestionado, enloquecido, con las venas<br />
del pescuezo hinchadas por los gritos y por el esfuerzo.<br />
Gotas de sudor se me meten en la boca. -No doy más, me quedo hasta que se<br />
quede Ernesto. -No doy más, me quedo hasta que se quede Cacho..<br />
¿Cuánto faltará todavía? La cara de Ernesto gesticulando y escupiendo sudor.<br />
Sus piernas tirándome patadas. ¿Cuánto faltará todavía? Grito y lo pateo<br />
para hacerlo bajar. ¿Cuándo faltará todavía? El ruido. La vibración del<br />
puente metiéndose hasta los tuétanos. ¿Cuánto faltará todavía? Los sesos a<br />
punto de estallar. Borrachera de ruido, calor, alaridos y miedo. ¿Cuánto<br />
faltará todavía?</p>
<p>* * *</p>
<p>Algo dulce que nos acaricia los brazos. El tren que se aleja y el cielo azul<br />
a pedazos entre los durmientes.<br />
El silencio que crece de la tierra. El silbido lejano de la locomotora.<br />
Seguimos colgados y nos miramos sonriendo.<br />
La tarde canta en la voz de las cigarras.<br />
¿Te acordás Ernesto, cómo cantaba?</p>
<p>Humberto Costantini nació en Buenos Aires en 1924, y murió en la misma<br />
ciudad en junio de 1987.<br />
Poeta, narrador y dramaturgo, Costantini ejerció a lo largo de su vida,<br />
junto a su casi secreta labor de investigador científico, los más diversos<br />
oficios: veterinario en pueblos de campaña, oficinista, corredor de<br />
comercio, ceramista, etc. Estas actividades le ayudaron a profundizar en el<br />
conocimiento y los matices que forman las capas medias de nuestra sociedad,<br />
con cuyos caracteres y lenguajes enriqueció su prosa.<br />
Heredero del grupo de Boedo y de la preocupación social que lo definiera,<br />
Costantini participa y milita en las revistas literarias de izquierda de la<br />
década del 50 en las que se manifiesta de manera polémica contra el<br />
populismo y el pintoresquismo naturalista. Es por entonces cuando publica<br />
sus primeros cuentos, de temática realista y estilo expresionista. A lo<br />
largo de su obra, Costantini construye una personalidad literaria definida,<br />
la cual se vale de distintos elementos, como ser  los símbolos y las<br />
alegorías, los monólogos interiores de sus personajes, la literatura<br />
fantástica, el realismo mágico, el costumbrismo y hasta la mitología<br />
clásica, para abordar la que fuera, en definitiva, su principal obsesión: la<br />
alienación del hombre en una sociedad hostil. Una de las características de<br />
su estilo es la de llevar a sus personajes a situaciones límite, exasperando<br />
la realidad en grotesco.<br />
Costantini fue una influencia notable entre los jóvenes escritores de la<br />
década del 60.<br />
De por aquí nomás (1958); Un señor alto, rubio, de bigotes (1963); Tres<br />
monólogos (1964); Cuestiones con la vida (1966); Una vieja historia de<br />
caminantes (1966) y De dioses, hombrecitos y policías (¿?) son algunas de<br />
sus obras más recordadas.</p>
<p>*Fuente:<br />
http://www.abanico.edu.ar/2004/08/cielo.htm</p>
<p>Miércoles, 21 de Marzo de 2007<br />
La vida, ese tupper*</p>
<p>*Por Celeste Galiano, Fabricio Simeoni y Federico Tinivella</p>
<p>"Quisiera ser tupperware para poder conservarte"<br />
Salvador Trapani</p>
<p>Sin precintos ni avatares, pasarse la vida entre paredes de plástico resulta<br />
frágil.<br />
Esperar cierto destape y seguir enhiesto. Sentirse fiambrera, cumplir el<br />
ciclo desde un recipiente, nacer, comer, reproducirse y morir en el cubículo<br />
inesperado de la conservación de la especie.<br />
El señor Earl S. Tupper no podía imaginar el furor que iba a causar su<br />
invento cuando en 1946 pergenió el famoso tazón maravilla. Nada tuvieron que<br />
ver -y cabe la aclaración- el joven ni la mujer maravilla. Aunque sabemos<br />
perfectamente que don Earl pasaba horas escuchando wonderful world con dos<br />
pocillos de porcelana en las orejas, para amortiguar el eco.<br />
El "tupperware", que significa "mercancías de Tupper", permanece desde<br />
entonces entre nosotros, ayudando a la preservación de los alimentos. Y es<br />
que sirve para todo: congelar comidas preparadas, no preparadas, no comidas,<br />
congelar comidas congeladas y descongelar, sirve también para no congelar<br />
absolutamente nada.<br />
Guardar restos en la nevera y nevera en los restos y transportar los<br />
alimentos sin riesgo de que se desparramen. Por esta razón, el tupper cada<br />
vez viaja más a la oficina, a tu casa, a la luna y hasta se puede plegar<br />
para transportarlo en una riñonera, bolsillo o estuche. Humilde y hermético,<br />
comparte el don de los hombres sabios, el silencio.<br />
Quitar el aire es su secreto; así ama, así mata, preserva ocultando.<br />
¿Discreto por convicción? No, opaco por naturaleza.<br />
70 y 30. 70 y 30. Cerrar un tupper con precisión exige pocas artes y mucha<br />
ciencia: 70% de fuerza en la mano izquierda y un 30% de la derecha, como<br />
disparar una 9 milímetros pero con mayor sutileza.<br />
Danger. El uso de un tupper nuevo sin lavar imprime un sabor a momia<br />
irremontable, un gusto empalagoso difícil de explicar parecido a respirar<br />
pelusa de aspiradora mezclada con polvo de rincón. No olvidar, los tupper se<br />
curan como el mate, las ollas de hierro y las personas -a veces, claro.<br />
Para apoderarse de algo uno debe crearlo cuidadosamente, pensó Confucio. Y<br />
Earl S. Tupper, con paciencia, aprendió a conquistar el mercado mundial de<br />
la practicidad. Jamás aceptó una campaña demasiado agresiva para promocionar<br />
sus ingeniosos ghettos atmosféricos. La guerra no se juzga, se evita.<br />
¡Llame ya y obtenga 1000 tuppers, no causan sobredosis! Ni mangueras para<br />
enrollar, ni fajas reductoras, ni baba de caracol se ofrecen por más de dos<br />
unidades. Scheherezade y las 1001 noches, usted y los mil tupperware se<br />
animan al millar. La magia del vacío. Guardar significa amar, cuidar con<br />
persistencia, exhalar protección y volverse querible. ¡Guarda!<br />
De todos los colores y de ninguno, el tupper juega al espejo, caja de<br />
trucos. Camuflaje, supervivencia, en la Naturaleza todo lo importante lleva<br />
tiempo.<br />
Earl intuyó que los vacuos eran tan importantes como los llenos y concibió<br />
un objeto que ordenara atesorando. Quien ordena es poderoso y el poderoso<br />
elige.<br />
Poder elegir hace feliz. Sólo se trata de durar, pensó Earl S Tupper cuando<br />
corría presuroso hasta el lavabo. De niño la fobia social lo había tomado de<br />
la cintura como lo hacía su novia Caterina Mc Intoch en las tardes<br />
chorreadas de crema de maní, en las costura de los campos de Conectitut.<br />
Ella lo aferraba de atrás y al oído solía susurrarle versos de Roco Sumbaba,<br />
un poeta africano que había viajado hasta el país del norte escondido en un<br />
barril de cacahuates desde Kenia. Le decía entonces Caterina "la selva me<br />
quema los labios, la lengua, se quema, se quema, se quema ahí", todos poemas<br />
escritos por Sumbaba en su viaje de exilio. Textos que se habían convertido<br />
en lectura obligada en el sur de Tenesse, de donde era oriunda Mc Intoch.<br />
Esos poemas habían cavado hondo en el desierto mental de Earl. Entendía que<br />
el viaje de Roco, su encierro, lo habían conservado en buena forma. Comenzó<br />
a pensar que aquello que es sometido a un encierro perdura. Recordaba ahora<br />
a su abuela Murdel que permaneció cinco años en el baúl de un Buick,<br />
alimentada solo con insectos verdes. Los ancianos del pueblo dijeron, al<br />
verla salir, en un descampado, de aquel baúl abierto, que ella pensó cerrado<br />
esos cinco años, que se veía más joven.<br />
Sólo se trata de durar, pensó Tupper una vez en el lavabo y aquella idea<br />
tomó forma de envase plástico, aquí todas las bolsas son de cartón, no como<br />
en Argentina. El plástico es un polímero que protege los alimentos, no como<br />
el cartón que les transfiere su aroma y humedad, sintetizó Earl en su<br />
cuaderno de anotaciones. Al instante corrió desnudo hasta el jardín, tropezó<br />
con el triciclo de Michael su nuevo amante, que dormía después de una<br />
borrachera y gritó "plastic", plástico en castellano. He ahí el comienzo de<br />
una relación perdurable entre los humanos y su vianda, hasta la llegada del<br />
freezer, asesino del tupper, no de su esencia, que todavía olemos en los<br />
poemas de Sumbaba.</p>
<p>*Fuente: Rosario-12<br />
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-7811-2007-03-21.html</p>
<p>Intima*</p>
<p>Yo te diré los sueños de mi vida<br />
en lo más hondo de la noche azul...<br />
Mi alma desnuda temblará en tus manos,<br />
sobre tus hombros pesará mi cruz.</p>
<p>Las cumbres de la vida son tan solas,<br />
¡tan solas y tan frías! Yo encerré<br />
mis ansias en mi misma, y toda entera<br />
como una torre de marfil me alcé.</p>
<p>Hoy abriré a tu alma el gran misterio;<br />
ella es capaz de penetrar en mí.<br />
En el silencio hay vértigos de abismos:<br />
yo vacilaba, me sostengo en ti.</p>
<p>Muero de ensueños; beberé en tus fuentes<br />
puras y frescas la verdad; yo sé<br />
que está en el fondo magno de tu pecho<br />
el manantial que vencerá mi sed.</p>
<p>Y sé que en nuestras vidas se produjo<br />
el milagro inefable del reflejo...<br />
En el silencio de la noche mi alma<br />
llega a la tuya como un gran espejo.</p>
<p>¡Imagina el amor que habré soñado<br />
en la tumba glacial de mi silencio!<br />
Más grande que la vida, más que el sueño,<br />
bajo el azur sin fin se sintió preso.</p>
<p>Imagina mi amor, mi amor que quiere<br />
vida imposible, vida sobrehumana,<br />
tú sabes que si pesan, si consumen<br />
alma y sueños de olimpo en carne humana.</p>
<p>Y cuando frente al alma que sentía<br />
poco el azur para bañar sus alas<br />
como un gran horizonte aurisolado<br />
o una playa de luz, se abrió tu alma:</p>
<p>¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante<br />
el imposible! ¡La ilusión vivida!<br />
Bendije a dios, al sol, la flor, el aire<br />
¡la vida toda porque tu eras vida!</p>
<p>Si con angustia yo compre esta dicha,<br />
¡bendito el llanto que manchó mis ojos!</p>
<p>¡Todas las llagas del pasado ríen<br />
al sol naciente por sus labios rojos!</p>
<p>¡Ah! tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,<br />
a través de la noche florecida;<br />
acá lo humano asusta, acá se oye,<br />
se ve, se siente sin cesar la vida.</p>
<p>Vamos más lejos en la noche, vamos<br />
donde ni un eco repercuta en mí,<br />
como una flor nocturna allá en la sombra<br />
me abriré dulcemente para ti.</p>
<p>*De Delmira Agustini.<br />
*Fuente: http://www.patriagrande.net/uruguay/delmira.agustini/index.html</p>
<p>Correo:</p>
<p>*</p>
<p>Queridos amigos, los invito a enviar uno o dos poemas de su autoría escritos<br />
para Frida Khalo, máximo 30 líneas por poema.<br />
Tres líneas de currículum del autor, incluyendo país, ciudad y fecha de<br />
nacimiento. Todo en archivo adjunto.<br />
El encabezado deberá decir Poema para Frida Khalo.<br />
Enviar a los correos: linajes-editores@att.net.mx  con copia a<br />
linazeron@yahoo.com</p>
<p>La recepción máxima de los poemas será el 15 de abril de 2007. .</p>
<p>El libro será en homenaje al centenario del natalicio de la pintora y será<br />
editado por una dependencia gubernamental, la cual dará a conocer a los<br />
poetas seleccionados en el mes de mayo.<br />
Será presentado en un acto en la Delegación Coyoacán con asistencia y<br />
lectura de los poetas que puedan asistir.</p>
<p>Dear friends. I invite you to send 2 poems dedicated to Frida Khalo, if you<br />
have. Maximum 30 lines per poem. Please Send a short curriculum of 3 lines<br />
with country, city and date of birth, everything in attached mail. the poems<br />
sent in English will be translated the Spanish.</p>
<p>The book will be in tribute to the centenary of birth of the painter and<br />
will be published by a governmental dependency. The poems you would received<br />
until maximum the 15 of April.</p>
<p>Please send all to linajes-editores@att.net.mx with copy to<br />
linazeron@yahoo.com</p>
<p>Regards and a lot of hugs</p>
<p>*Lina Zerón<br />
www.linazeron.com</p>
<p>*</p>
<p>Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear<br />
noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono<br />
noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten<br />
el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la<br />
injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple.<br />
Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable)<br />
y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve<br />
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<p><a href="http://postalesdeldia.nireblog.com/post/2007/03/21/poder-elegir-hace-feliz#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Wed, 21 Mar 2007 17:16:39 +0100</pubDate>	</item>
	<item>
	<title>DE MEMORIAS Y RESISTENCIAS</title>
	<link>http://postalesdeldia.nireblog.com/post/2007/03/02/de-memorias-y-resistencias</link>
	<guid>http://postalesdeldia.nireblog.com/post/2007/03/02/de-memorias-y-resistencias</guid>
		<description><![CDATA[<p>De memorias y resistencias...</p>
<p>En el 150 aniversario, hoy más que nunca, el ferrocarril una cuestión nacional</p>
<p>1º DE MARZO del 2007<br />
DIA DEL FERROVIARIO*</p>
<p>¿Quién construyó Tebas, las de las siete puertas?<br />
En los libros solo figuran nombres de reyes<br />
¿Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra?<br />
Y Babilonia,<br />
¿Quién la volvió a levantar otras tantas?<br />
¿Quiénes edificaron la dorada Lima?<br />
¿En que casas vivían?<br />
¿Adonde fueron la noche en que se terminó<br />
la gran muralla China sus albañiles?<br />
(.)<br />
A tantas historias, tantas preguntas</p>
<p>*Bertold Brecht</p>
<p>El nombre del foguista es: Telesforo Rioja, depósito Güemes</p>
<p>*Por Juan Carlos Cena* especial para Villa Crespo Digital<br />
28 de febrero del 2007</p>
<p>Hace 150 años comenzó a circular el primer tren en nuestro país. Entonces nos interrogamos ¿Quiénes tendieron los rieles, quienes acostaron los durmientes, quienes enclavaron las señales, quienes construyeron las estaciones, quienes le echaron leña al hogar de la caldera, quienes hicieron sonar las campanas de partida, quienes condujeron los trenes aguateros haciendo retroceder la sed por toda la geografía nacional, quienes oradaron la montaña, cruzaron vados y ríos, quienes? ¿Quienes comunicaron el país, lo integraron? ¿Quiénes construyeron locomotoras, vagones para transportar nuestras riquezas? ¿Quiénes diseñaron y montaron coches de pasajeros, dormitorios confortables para llevar con comodidad a nuestros ciudadanos?<br />
¿Quiénes acudieron a llevar solidaridad en tiempos de sequías, en tiempos de inundaciones, en tiempos de plagas, como la lucha contra la langosta, quienes?<br />
¿Quiénes llevaron la salud a través de los trenes sanitarios por toda la geografía nacional? ¿Quiénes construyeron los policlínicos ferroviarios que atendieron además de los ferroviarios y sus familias a todos los pobladores del país, quienes?</p>
<p>Simplemente contesto: Los ferroviarios. A tantas historias.<br />
Tantas preguntas. Tantas respuestas</p>
<p>El 1º de marzo es el día del ferroviario. Día olvidado, han tratado de borrarlo de todas las maneras, porque según dicen: No hay nada que recordar.<br />
El olvido, aún mantiene un cierto campo conquistado sobre la memoria en este simbólico 1º de marzo. Dura lucha es la que han protagonizado, tercamente, los memoriosos ferroviarios en el intento por hacer recular ese vacío, llamado olvido. Primero en la cabeza de los nuevos ferroviarios y luego en la sociedad. Hoy es un día de nostálgica recordación para los ferroviarios veteranos, que engrosan el ejército de desocupados y jubilados 85.000 ferroviarios a la calle y el ferrocarril saqueado, desintegrado, anulado,<br />
pasto de comerciantes y corruptos, políticos y gremialistas cipayos.</p>
<p>Es un día triste en esta larga diáspora, a pesar de ello, los ferroviarios, recuerdan lo que fueron y lo que fue el ferrocarril aquel, el deficitario.<br />
El recuerdo regresa en ese ¿té acordás? Momento del primer paso dado en busca de la memoria, el primer tranco dado para ganarle al olvido. Una de las características de los ferroviarios fue siempre su terquedad.<br />
Pero es dable aclarar que trabajar en el ferrocarril no es lo mismo que ser ferroviario. El ferroviario incorporó a su Ser ese inmenso objeto metálico en movimiento, como su Sujeto: él es el ferrocarril, era de su pertenencia, no como una propiedad privada, sino porque él era parte constitutiva del ferrocarril, no estaba añadido, adosado, sino incluido; el ferrocarril y él constituían un conjunto integrado, armónico. Caminar por las playas de maniobras o recorrer sus rincones era como recorrer el patio y las comisuras de tu casa.<br />
Somos como nuestros hermanos aborígenes, donde el árbol (objeto) es el sujeto que los penetra, porque ellos son la naturaleza y no están sobre ella. Nosotros los ferroviarios somos el ferrocarril, no estamos sobre él. La historia de los ferroviarios es un testimonio de lucha, de abnegaciones, sacrificios, rebeldías, muertes y desapariciones. Desde sus inicios el movimiento obrero ferroviario fue duramente reprimido. Nunca lo doblegaron.<br />
Todos los gobiernos de todos los signos trataron de sujetar y domesticar a los trabajadores ferrucas.</p>
<p>Desde 1888 a 1896 la primera huelga masiva contra los ingleses, o la del 6 de enero de 1912 con 52 días de huelgas. 7000 ferroviarios enfrentaron a las 18 empresas británicas, y así, hasta el advenimiento del gobierno peronista, donde son movilizados militarmente en 1950, momento en que Eva Perón concurre a los talleres Remedios de Escalada para disuadirlos, no logrando tal cometido.<br />
Muchos de esos compañeros que le dijeron no a Eva Perón, más tarde, en 1955, integraron la Resistencia Peronista. Eran jóvenes peronistas en esa huelga, pero tenían metido dentro de su ser la pertenencia: la de corresponder a la clase obrera. Luego, después de 1955, represión, movilización, Plan Conintes<br />
en tiempos de Frondizi. Dura huelga resistente fue la de 1961, fueron 42 días de paro férreo contra el primer intento de desguace ferroviario de la mano del general Larkín.<br />
La dictadura de Onganía militarizó a los ferroviarios mediante el decreto 5324, todos teníamos grado militar. La repuesta obrera fue la formación de las Comisiones Clandestinas Ferroviarias, y así, resistiendo todos los intentos represivos.<br />
La dictadura militar de 1976, a través del genocidio, crea un vacío generacional entre los ferroviarios. Son 89 compañeros ferroviarios desaparecidos por todo el territorio, se instala el terror, a pesar de ello los ferroviarios nunca dejaron de luchar.<br />
El regreso de las democracias relativas encuentra a la sociedad en su conjunto, en palabras de John William Cooke, blanda. Los factores de poder adueñados y consolidados dentro del aparato del Estado ejecutan el desguace del ferrocarril. Primero son los intentos de Alfonsín de la mano del eficiente Terragno y luego Menem, con toda la iconografía peronista y el embuste cierra los ferrocarriles y expulsa a 85.000 ferroviarios a la calle.<br />
Con el ferrocarril desintegrado, más los ferroviarios expulsados, el sistema comete en un mismo acto un gigantesco Ferrocidio.</p>
<p>Así las cosas, hoy 1º de marzo del 2007, podemos decir que nuevamente los ferroviarios se van erectando. Nuevas luchas, mismos patrones, traidores de todo los pelajes, cipayos globalizados, intelectuales progress recontraconvertidos, otros reciclados, algunos sancionado judicialmente por<br />
un premio mal habido, profesionales almaceneros, y así: la mediocridad se instaló y nos cubre. Como dijera el poeta Roque Daltón: No hay héroes posibles cuando la tempestad ocurre en un oscuro mar de mierda.</p>
<p>1º de marzo del 2007, tiempo surcado por las luchas que comenzaron en el siglo XIX. Más de cien años, tiempo que les costó a los explotadores pretender domesticar la rebeldía ferroviaria, no pudieron. Hoy la realidad lo confirma, y nos permite afirmar que todo germina de nuevo, la clase obrera y los ferroviarios en forma particular, que en su dimensión dialéctica, ésta siempre renace de sus cenizas demostrando que no hay un fin, sino un recomienzo más dinámico. La clase obrera, la clase más antigua<br />
de la humanidad, nunca fue vencida a pesar de las persecuciones, genocidios, represiones, y las derrotas temporales.<br />
Se han cumplido más de 30 años del aniversario del golpe de estado de marzo de 1976. Los ferroviarios fueron brutamente reprimidos. Hoy, los ferroviarios están de nuevo en el riel, como la clase obrera remontado la lucha en las calles.</p>
<p>Es que después de la derrota ferroviaria se intentaría la extinción de toda cultura obrera, empezando por la palabra. Los ferroviarios vivieron a través de la palabra por todo este tiempo; recorrieron el país montados en trenes de palabras. Ella fue y es la transmisora de ideas, historias, triunfos, derrotas, pero nunca acarreó historias de vencidos, porque siempre se resistió, siempre. Los ferroviarios nunca se dieron por derrotados ni aún derrotados, porque no estaban vencidos, conservaron la palabra, y mientras haya guardapalabras que las cobijen, la vida continúa.</p>
<p>Ellos, los que cercaron la Ciudadela Ferroviaria sabían, y se propusieron:<br />
¡hay que arrebatarle la palabra a los ferroviarios! para vaciarles el lenguaje aquel. Nunca lo lograron.<br />
Existen fenómenos que ocurren en el seno del pueblo, y hay que divulgarlos, porque son almacenamientos de vida. Durante la dictadura y los gobiernos democráticos serviles, los trabajadores ferroviarios escondieron el fuego sagrado de sus luchas. Cobijaron y clandestinizaron la palabra entre los<br />
rescoldos de las cenizas de la devastación ferroviaria. Los nuevos compañeros volvieron a soplar la brasa -es lo real maravilloso de la clase obrera-, dando nacimiento a nuevos retoños tibios, que encarnan la certeza de que la lucha continúa.</p>
<p>"El olvido es una herramienta de la clase dominante. Se ha dicho que hay un momento inicial de la memoria en que el río incontenible de lo vivido es tumultuoso.<br />
Arrastra todo a su paso, espumante, y más allá, el río armoniza su cauce.<br />
La memoria es un proceso social. No hay un solo memorioso, y si lo hay, es de algún modo arbitrario, porque quien narra elige un orden que jamás será espejo del pasado."<br />
El Guardapalabras (memorias de un ferroviario)</p>
<p>A modo de homenaje a los ferroviarios, en este 1º de marzo, del Libro de Cesar Vallejo España aparta de mí este cáliz, el poema: Solía escribir con un dedo grande en el aire</p>
<p>Solía escribir con un dedo grande en el aire:<br />
"¡Viban los compañeros! Pedro Rojas",<br />
de Miranda de Ebro, padre y hombre,<br />
marido y hombre, ferroviario y hombre,<br />
padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes.<br />
¡Viban los compañeros<br />
a la cabecera de su aire escrito!<br />
¡Viban con b del buitre en las enseñanzas<br />
de Pedro<br />
y de Rojas, del héroe y del mártir</p>
<p>*Miembro fundador del Mo.Na.Re.FA Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos.<br />
ferrocena2003@yahoo.com.ar</p>
<p>Jueves, 01 de Marzo de 2007<br />
"Estar en la vitrina y dar una imagen nada resuelve"*</p>
<p>Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, cuenta los motivos por los que se lanzó a la arena política. Es la candidata a la presidencia de Guatemala por el centroizquierda.</p>
<p>Menchu busca que los indígenas puedan ejercer sus derechos.</p>
<p>Por Maite Rico *<br />
Desde Madrid</p>
<p>Rigoberta Menchú, dirigente indígena de Guatemala y Premio Nobel de la Paz, ha optado, a sus 48 años, por "tirarse al agua". Así describe su decisión de presentarse a las elecciones presidenciales de septiembre, al frente de un colectivo maya y en alianza con el Partido Encuentro por Guatemala (PEG,<br />
izquierda). Hacía tiempo que Menchú le daba vueltas a la idea de gobernar un conflictivo país que hace diez años puso fin a una guerra civil de tres décadas y que vive castigado por el crimen organizado. La activista recogió el martes en Madrid el premio anual del Club de las 25, un grupo de mujeres<br />
profesionales de diversos ámbitos.<br />
-¿Por qué da el salto a la política ahora?<br />
-Porque queremos ejercer un derecho que los pueblos indígenas y muchas mujeres no hemos alcanzado en Guatemala: el derecho a ser elegidos. Y porque hay una gran desesperanza. Las últimas encuestas indicaban que la mitad de los empadronados pretendía no votar. Muchas personas están desengañadas de<br />
los partidos tradicionales. Finalmente, es un deseo del conjunto del liderazgo maya agrupado en Winaq, nuestro movimiento. Nos dijimos: hoy es hoy, si no nos lanzamos, nunca agarraremos experiencia.<br />
-¿No teme que meterse en el avispero político de Guatemala pueda quemar su imagen?<br />
-Es una decisión muy fuerte que tomamos con mi esposo. Las encuestas indican que tengo el 75 por ciento de simpatía popular como personalidad, y me imagino que, como política, esto va a cambiar muchísimo. Pero hay que preguntarse para qué sirve una personalidad solemne, si debe estar en una vitrina y dar una imagen, pero que no resuelve nada. Me lo exige la gente y no quisiera quedarme al margen. No tenemos nada que perder, sino ganar: contribuir a la democracia guatemalteca. Cuando uno va madurando quisiera dejar algo, quisiera iniciar procesos. Estamos abriendo una brecha.<br />
-¿Se considera candidata de izquierda o candidata étnica?<br />
-No hay que poner camisas de fuerza a nuestro movimiento, porque puede que me cobren facturas que no son mías, y lo más importante es contribuir al proceso democrático. Somos una alianza de diversos dirigentes de los pueblos indígenas, abierta a cualquier guatemalteco que tenga como principio la<br />
democracia, la honradez, el respeto.<br />
-Su candidatura ha despertado simpatías, pero también recelo. Algunos sectores la acusan de haber estado vinculada con la antigua guerrilla, otros se sienten asustados por su apoyo a Fidel Castro o sus críticas a la economía de mercado. ¿Qué mensaje les ofrece?<br />
-Nos urge crear un modelo intercultural basado en la inclusión. Nuestra candidatura es un termómetro para medir hasta dónde el sufrimiento del conflicto armado sigue vigente en la población, para ver si hemos abandonado los pensamientos radicales de racismo, de fascismo, de extremos. Queremos ser la referencia de una juventud que no es izquierda ni derecha ni vivió la guerra. Nos toca escuchar.<br />
-En Guatemala no se ha dado el voto étnico. De hecho, el general Efraín Ríos Montt, al que usted ha demandado por genocidio, ha ganado tradicionalmente en zonas mayas. ¿Podrá unir el voto indígena?<br />
-Hay que ser realista. En Guatemala hay gente a mi favor y gente en contra.<br />
Y no sólo gente indígena a favor, sino también poblaciones indígenas en contra. También mantengo una estrecha relación con muchos sectores no indígenas. Sería una equivocación leer mi candidatura en términos excluyentes. Estoy con la gente más sufrida y más humilde, la gente que sueña con una vida digna. Tenemos que responder a eso. Sería inconcebible que Rigoberta Menchú no vaya a escuchar a las comunidades, a incrementar el nivel de vida, a dar trabajo, pero sobre todo a dar una esperanza de futuro.<br />
La violencia nos tiene arrodillados.<br />
-Y eso a pesar de las cuantiosas ayudas recibidas para reformar las fuerzas de seguridad. ¿Qué se puede hacer?<br />
-Estamos revisando las propuestas para una agenda mínima, pero le diré que lo más duro de Guatemala es que el crimen organizado, la corrupción, el narcotráfico constituyen fuerzas incrustadas dentro del Estado. Son como Estados dentro del Estado. Tendrán que buscarse medidas con el apoyo<br />
internacional y luchar enérgicamente contra la impunidad, pero también hay que abordar la dimensión social, las oportunidades de trabajo. Si no, ninguna cárcel va a aguantar este nivel de violencia. No son cambios que puedan hacerse en un período de gobierno.<br />
-Usted critica el libre mercado y la globalización, pero Guatemala es una potencia agroexportadora. ¿Cuál es su proyecto?<br />
-La economía guatemalteca es muy estable. Guatemala no es un país pobre, pero sí empobrecido, y eso tiene mucho que ver con la falta de conciencia social. Hay una brecha extraordinaria entre ricos y pobres. Todo eso tiene que abordarse en una agenda mínima. Hay que estar abiertos a alianzas y a la<br />
inclusión.</p>
<p>* De El País de Madrid. Especial para Página/12<br />
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-81033-2007-03-01.html</p>
<p>Jueves, 01 de Marzo de 2007<br />
UN SISTEMA SOCIAL INJUSTO PUEDE SER SOSTENIDO POR SUS PROPIAS VICTIMAS</p>
<p>"Destrúyete a ti mismo"*</p>
<p>El autor examina la diferencia entre "una subjetividad que se afirma en la resistencia al Poder y una subjetividad genuflexa que, para sobrevivir, pagó el alto precio de la subordinación".</p>
<p>*Por Juan Carlos Volnovich</p>
<p>¿Por qué los que menos tienen son los que tienen menos posibilidades de oponerse a un sistema que los excluye o los explota? ¿Por qué quienes nada tienen que perder más que sus cadenas son los más sumisos y obedientes a un proyecto de exterminio? ¿Qué trampas, tendidas en el seno de la propia subjetividad, nos llevan a convalidar inconscientemente un sistema social opresor injusto y desigual? ¿Cómo funciona esa dialéctica siniestra, instalada dentro de nosotros mismos, que nos impide rebelarnos contra aquello que nos despoja de los bienes materiales, de los bienes simbólicos y de la vida misma?<br />
Según Gregorio Kazi (en Hacia una psicología social histórica: cartografías críticas, ed. Madres de Plaza de Mayo), "Enrique Pichón Rivière construye la Psicología Social de la Praxis en tanto dispositivo complejo de cambio del sujeto y sus modos de relación, siendo deseable dilucidar que el sistema<br />
social en el que vivimos es fuente primordial del padecimiento humano en su extensa gama de manifestaciones". Kazi señala, en la obra de Pichón Rivière de la adaptación activa a la realidad, y observa que, si esta adaptación debe ser construida, "ello se debe a que existe una tendencia a la<br />
adaptación pasiva a la realidad". También advierte Kazi que "muchas veces nos topamos con marcos científicos que definen y promueven como 'salud' aquello que se liga a la adaptación pasiva a la realidad, y definen como 'enfermedad' lo que deviene como producción grupal o colectiva de procesos de adaptación activa a la realidad".<br />
He aquí planteada la diferencia entre una subjetividad que se afirma en la resistencia al Poder, un sujeto cuya existencia descansa en la oposición al gran Otro, y una subjetividad genuflexa, un sujeto adaptado y adocenado que, para sobrevivir, pagó el alto precio de la subordinación al Otro.<br />
En un famoso pasaje de Psicología de las masas y análisis del yo, Freud afirma que "en la vida anímica individual aparece integrado siempre, efectivamente, 'el otro', como modelo, objeto, auxiliar o adversario; de este modo, la psicología individual es, al mismo tiempo y desde un principio, psicología social, en un sentido amplio pero plenamente justificado". En ese "otro" se asienta la pista que une lo individual y lo social. Ese "otro" aporta las claves para entender las relaciones del sujeto con la política. El "otro" está siempre presente en la vida psíquica individual, de tal forma que, cuando Freud incluye la determinación de la estructura social en el seno de lo propio, rompe el límite que separa al<br />
sujeto de la cultura que lo sobredetermina. Porque ese "otro", presente en el origen individual, es inevitable resultado del Otro social, del sistema de producción y de la cultura en la que cada uno se inscribe. De manera tal que el "otro" no tiene por qué quedar clausurado en su presencia empírica de<br />
objeto; no tiene por qué soldarse con su existencia estrictamente material.<br />
Ese "otro" es el papá, la mamá, el hermano, la maestra y el médico pero es, también, un Otro político que está siempre presente en la vida psíquica individual.<br />
Y muchas veces ese Otro omnipresente es un poder despótico y feroz.<br />
Entonces, ya que se trata de desmontar los fundamentos subjetivos del Poder -los procedimientos por los cuales el Poder logra capturar al sujeto apoyándose en una complicidad consciente e inconsciente y sostenerse por consenso-, se impone señalar las trampas que, desde adentro de nosotros mismos, se oponen a que podamos rebelarnos y desobedecer a ese Otro mortífero.<br />
Por usar un término de moda, podría llamarse resiliencia a esa capacidad que tienen algunos individuos para sobrevivir adaptándose, sujetándose o, al menos, consintiendo con el poder del Otro; se trata del talento que algunos sujetos despliegan para percibir la demanda del Otro, para confiar en lo que<br />
dicta el Poder, acatar sin chistar y transmitir sus mandatos. Así entendida, la resiliencia tiene mucho que ver con la obediencia; con la obediencia debida.<br />
Pero vayamos al comienzo. Desde el nacimiento y aún antes de nacer, la construcción de nuestra subjetividad lleva impresa las marcas del Otro. La construcción de nuestra subjetividad camina por la herida que dejó abierta el desamparo original, y en el trayecto posterior del ciclo vital todo se<br />
reduce a atenuar, con la soldadura omnipotente al Otro, la indefensión absoluta. Desde el nacimiento en adelante, la relación del sujeto con el discurso político transitará por las marcas que ha dejado en el inconsciente la relación con el Otro. La situación de extremo desamparo, la experiencia de inermidad por la que atraviesa el prematuro cachorro humano, clausura cualquier posibilidad de identificarse con algo más que el poder del Otro.<br />
De igual modo, en una sociedad donde la explotación es norma, en una cultura que sólo desea la desaparición de los "marginales", de los que sobran, el deseo de muerte se inscribe en el inconsciente de los sujetos como discurso del Otro y se expresa a través de pasajes al acto destructivos hacia los<br />
demás y hacia sí mismos. Violencia ejercida, violencia padecida, da lo mismo, porque aquí se borra el límite entre víctimas y victimarios. Ese Otro funciona como base de la destructividad; sobre todo de la autodestructividad que nos habita.<br />
El Poder exige sacrificios, sacrificios humanos; pero, también, busca el consenso. No debemos olvidar que, en la Argentina, el actual sistema de miseria y exclusión de grandes mayorías junto al enriquecimiento desmesurado de unos pocos, se estableció con un alto grado de consenso. Capturados por el discurso del Poder, fueron muchos los que colaboraron para sostenerlo.<br />
Complaciente, cómplice, el sujeto contribuye a reforzar la omnipotencia del Poder. Y el Poder logra el consenso promoviendo la identificación que liga el deseo con las representaciones que el mismo Poder le ofrece.<br />
Representaciones mortíferas al estilo de: "destrúyete a ti mismo";<br />
"extermina a los otros, a los minúsculos otros"; "mátense entre ustedes". Si la dictadura militar ofició de trauma social, la democracia no impidió los efectos de un discurso político y económico al que contribuyó la despolitización y el desinterés frente a la violencia social explícita. La masa quedó capturada y uniformada bajo los efectos de fascinación del Poder; condenada a adorar a sus verdugos.<br />
La adhesión o la indiferencia hacia el discurso del Poder transformó a amplios sectores de la población en sujetos borrados y tarados. Máscaras sin rostro. Eco, y no voz. Anestesiados por la secuela del terror vivido durante los años de plomo e hipnotizados por una supuesta prosperidad, muchos<br />
ciudadanos se dejaron engañar por los espejitos de colores del neoliberalismo. La globalización los convenció de que la clase media de un país en bancarrota podía tener un poder adquisitivo que en nada se<br />
diferenciara del poder adquisitivo de la clase media de un país desarrollado. La clase media argentina compró espejitos de colores y, durante una década, los indiosclasemedia se miraron en ellos y se vieron<br />
altos, rubios y de ojos celestes.<br />
El psicoanálisis confluye a la Psicología Social de la Praxis. Pero no cualquier psicoanálisis. Un abismo insalvable separa a un psicoanalista burgués de un psicoanalista que analiza la implicación en la realidad que lo determina. Un abismo insalvable separa a un psicoanalista convencional de un psicoanalista marxista. Cuando el psicoanalista burgués se muestra indiferente a los obreros que toman una fábrica o a los piqueteros que irrumpen en la escena política, porque son hechos que no le conciernen, el<br />
psicoanalista marxista sabe que la relación del sujeto con el trabajo y con la política es parte fundamental de sus intereses teóricos y clínicos.<br />
Cuando el psicoanalista burgués se pregunta por qué los obreros toman las fábricas, por qué los piqueteros interrumpen el tráfico, el psicoanalista marxista se pregunta por qué no las toman, por qué no cortaron antes las rutas. Mientras el psicoanalista convencional intenta explicar cuáles son<br />
los mecanismos conscientes e inconscientes que impulsan a un trabajador desocupado a tomar el poder en las fábricas, el psicoanalista marxista intenta explicar cuáles son los mecanismos conscientes e inconscientes que antes impidieron a los obreros tomar esas fábricas.<br />
Es evidente que la propia situación analítica puede reforzar, montada en el poder de la transferencia, la sujeción al Otro. Pero también a veces, sólo a veces, puede ayudar a deconstruir mitos y prejuicios. Uno de ellos, y no el menos trascendente, es el que propone la resignada aceptación de la miseria en la esfera social ampliada, basada en la fatalidad de que siempre hubo pobres y siempre los habrá. Otro, el mito que propone identificar y promover los factores o mecanismos protectores de que disponen los sujetos con la finalidad de construir dispositivos para la adaptación triunfal a un sistema injusto.<br />
El psicoanálisis puede ayudar a construir una Psicología Social de la Praxis y, en cierto sentido, es una Psicología Social de Praxis, en la medida en que se propone como sistema de representaciones que intenta restituir el derecho a pensar y a sentir. El psicoanálisis puede ayudar en la búsqueda de una reconciliación del sujeto con sus pasiones alegres por vía de la resistencia al Poder, no ya por vía de la resiliencia.<br />
De este modo, en la situación analítica es ineludible el esfuerzo por abrir una brecha entre las ofertas de identificación mortíferas que el Poder propone, para que algo del deseo circule por ese espacio vacío. Si hay un otro minúsculo que pueda escuchar y desear, si hay un otro que permita la palabra, algo de la violencia devastadora, algo de la compulsión repetitiva puede dejarle el lugar a una organización fantasmática que se inscriba en la trama social a la manera de una acción transformadora.</p>
<p>*Fuente: Página/12<br />
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-81020-2007-03-01.html </p>
<p>"Los políticos pasan, pero la cultura queda"*</p>
<p>El escritor cerró el ciclo Cara a Cara con el Periodismo</p>
<p>El ciclo Cara a Cara con el Periodismo , presentado por LA NACION y Zurich, tuvo anoche un cierre a toda orquesta en el que la voz y el pensamiento de una de las plumas más lúcidas y exquisitas del periodismo hispanoamericano cautivaron a un auditorio colmado por varias generaciones de lectores.</p>
<p>El periodista y escritor Tomás Eloy Martínez fue presentado por su entrevistador, Nelson Castro, como un "maestro para todos" y como un "testigo privilegiado de la historia argentina". Y enseguida llegó la<br />
primera pregunta: ¿cómo vive un ex perseguido político de José López Rega el actual juicio a la Triple A?<br />
Tras evocar la imagen de personas empujadas a los Falcon, "mientras gritaban sus nombres completos y DNI con el afán de que algún transeúnte los recordara para denunciarlos", Martínez dijo que revisar la historia con comprensión y ecuanimidad es "siempre valioso y saludable para la vida de un país". Recordó el día de 1975 en que una bomba destruyó el frente de su casa y otra estalló en Radio Del Plata, donde trabajaba, por los conceptos que había vertido en un texto periodístico titulado "El miedo de la Argentina".</p>
<p>Una inquina peligrosa<br />
"López Rega hacía tiempo me había tomado inquina, y después de leer ese artículo me dio 48 horas para salir del país, aunque permanecí aquí diez días en la clandestinidad. Después, por una invitación de Carlos Fuentes, entonces embajador mexicano en París, viajé a Francia y de allí a Venezuela", contó, al evocar su exilio. Pero tuvo que remontarse en el tiempo para bucear en las razones de su enemistad con López Rega. Así, recordó sus cuatro entrevistas con Perón y la presencia molesta de ese secretario que continuamente interrumpía el diálogo para introducir "proclamas" en favor de Isabel.<br />
"Usted me dio su palabra de militar de que tendríamos este último encuentro a solas", le demandó Martínez a Perón cuando López Rega lo acusó de querer comercializar las cintas grabadas de la entrevista, que el autor de Santa Evita todavía conserva.<br />
"Usted, general, no me dijo que iba a tener que soportar los insultos de un sirviente suyo", fue la respuesta del periodista. Y Perón contestó: "El señor tiene razón. Vaya y acompañe a la señora a comprar lechuga al mercado", recordó Martínez, quien agregó: "Aquella frase fue mi sentencia de<br />
muerte".<br />
Castro quiso saber cuál creía que era la responsabilidad real de Isabel en las acciones de la Triple A. "No hay duda de que ella estaba dominada por las prácticas esotéricas de López Rega, a quien seguía con los ojos cerrados -dijo el autor de La novela de Perón -. Todos sus actos de gobierno estaban bajo el influjo de ese personaje nefasto. ¿Pero quién lo puso primero a López Rega?", se preguntó, para enseguida mencionar a Juan Domingo Perón.<br />
Martínez desestimó la teoría de los dos demonios y señaló que la responsabilidad del Estado por el uso de la violencia es siempre mayor que la que les cabe a los "jóvenes ilusos y utopistas". Y subrayó que, hacia 1976, "la capacidad de agresión de los montoneros y del ERP era muy minoritaria".<br />
El escritor recordó cuando debió referirse a los sucesos de Trelew y escribió, por primera vez en letras de molde, el concepto "terrorismo de Estado", una "audacia" que terminó con su cargo como director de la revista Panorama .<br />
"Frente al hecho de esos guerrilleros fusilados a mansalva en Trelew, el vocero de Lanusse, Edgardo Sajón, me había confesado: «A los maringotes se les fue la mano»", recordó, y añadió que fue despedido del medio "por el daño causado a la empresa". Suscitó la risa del público cuando agregó: "En<br />
realidad, nunca cobré una indemnización".<br />
Cuando llegó el momento de que el público planteara sus inquietudes, los intereses de jóvenes y grandes fueron muy diversos.<br />
Hubo preguntas sobre la conveniencia de la asociación entre la Argentina y Venezuela, y allí Martínez deslizó que ambos países pueden hacer muy buenos negocios. Pero advirtió que, en el terreno político, el objetivo de Chávez es "imponer una hegemonía latinoamericana orientada a lo económico y militar, y bajo su liderazgo".</p>
<p>El oficio de informar<br />
Un punto alto del diálogo llegó con los consejos para los periodistas jóvenes. En relación con aquellos que trabajan bajo la órbita de editores "hastiados y descreídos de todo", Martínez dijo que es un error hacer diarios menospreciando la cultura general y la inteligencia de los lectores.<br />
El lector, dijo, "en mucho casos sabe más que el redactor y que el editor".<br />
Siempre hay que nivelar hacia arriba, indicó.<br />
Luego subrayó que el único capital de un joven profesional es su firma y buen nombre. Por eso, dijo, la honestidad y lealtad con la que se escribe tienen que ser siempre un parámetro y un faro para el ejercicio del periodismo.<br />
Cuando una persona entre el público quiso saber qué desafíos presenta el futuro y qué queda hacia adelante, el periodista destacó que en la vida de todo país, siempre, lo que trasciende y queda es su cultura.<br />
"Los políticos pasan, la cultura queda", repitió. Y puso como ejemplo el hecho de que todos conocen el nombre de los creadores del Quijote y de Las Meninas . Sin embargo, preguntó: "¿Cuántos pueden nombrar con precisión a los reyes que gobernaban España cuando nacieron esas grandes obras<br />
maestras?".</p>
<p>*Loreley Gaffoglio</p>
<p>-FUENTE: LA NACION<br />
Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/887669 </p>
<p>*</p>
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	<pubDate>Fri, 02 Mar 2007 01:51:12 +0100</pubDate>	</item>
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